Este verano en México vi una pared que decía “México, me dueles te quiero. Corre la voz.”
Quise convencerme, pero nomás no pude. La verdad es que me dueles, México. Me dueles, pero aún así te quiero.
Te quiero porque tu música se me hace la más bonita y tu gente la más linda. Te quiero porque tu comida no se compara y tus hijos tienen el mejor sentido del humor. Te quiero porque eres hermoso, canijo.
Te quiero aunque tengas baja autoestima. Te quiero aunque te dejes mangonear. Celebro tu independencia aunque no te me haces muy independiente que digamos.
Te quiero, y por eso te aseguro que escribir esta carta me duele más a mí que a ti.
Te quiero aunque permitas que las empresas extranjeras se roben tu patrimonio y destruyan tu tierra sagrada.
Te quiero aunque nos maltrates casi a todos, pero en especial a los más pobres y a los más morenitos.
Te quiero aunque seas injusto y racista. Te quiero aunque no veo el fin de la corrupción.
Te quiero aunque permitas que La Inseguridad nos persiga a todos y atrape a muchos.
Te quiero aunque dejas a tantos tan desamparados que prefieren arriesgar la vida y dejarte en busca de la esperanza.
Te quiero aunque desaparezcas a tus propios hijos.
Te quiero aunque no sé cómo ayudarte.
Te quiero y me dueles, me dueles, me dueles.
Me dueles porque te amo.
Así de sencillo.
